miércoles, 17 de junio de 2009

Aquellos chiquillos (I)


Hospedajes de apadrinaje, terrones de azúcar,
un billete de 20 euros sobre la encima,
el telediario dando las nuevas con sangre,
aquel presentador trajeado acorbatado,
el jodido busto parlante que habla de pobreza
con el Cayenne aparcado en el parking
y al que cada día le dicen:¡señor!, ¿descansó hoy?
-Perfectamente, Mario, ábreme la cancela
para que pueda meter esta belleza.
Esos son algunos tormentos
a los que los nuevos caballeros
llegan y superan el valor natural
de las cosas.

Y escriben en los periódicos,
hablan con sus amigos,
radian en el aparatejo de ondas
que la ginebra abrió sus almas
y les rompió los huesos.
Se apaga la noche y yo me sirvo otro trago
pensando en estas cosas tan alejadas del papel...

viernes, 12 de junio de 2009

Por partes, todavía no me enterreis

Aquí no nace ni muere un cuerpo vivo
que pidió la muerte por adelantado.
Aquí empieza a pensar alguien
que tiene que dar las gracias
todavía por poder encadenar palabras.

Esto es lo de menos:
y lo que nadie apreciará.
Tampoco importa.
Importa seguir vivo
mientras creas en algo
o alguien crea por ti.

(No voy a decir todas aquellas personas que pusieron la palma de su mano en mi hombro pero unas fueron mi famiia-padre, madre, hermana, primo mayor, primo pequeño, tia, carmelo, dieguillo, carlillos, tio luis...-...Os debo en otra vida, mi vida).

Sé que nunca podré devolver una vida a la vuestra, porque ya contáis con una.
Pero aquí ando como pegando voces a un tipo que nadie le escucha por si necesitáis algo.

viernes, 5 de junio de 2009

A Isabelle

De veras que no fueron más de cinco minutos
asi que coge papel y lápiz
y ponte a copiar un corazón roto.

La descarnada historia de un tipo que no llora,
no por llanto,
sino por añoranza de sentir lo que sintió.

Agarra a ese...¡Impronunciable!
¡Vaya! ¡Se durmió!
Quizá, algún día te cuente algo más de este tremendo caradura
que siempre te amo
por milésimas de minutos
entre barra y barra.

Ahora, es la hora de las horas rotas
cuando todos se acuestan
y al día siguiente piden explicaciones
de qué ocurrió.

Crear, Crear, Crear

Prometí la ceguera
y me di de lleno con unos ojos de cobre.
Prometí ver más allá de un vaso
que siempre confundía.

Hay algo que me pierde.
El grito de la noche
trasladado a un día
y a otro
y a otro.

Art Loi: calles vacías,
coches pasando a toda velocidad,
una luna pintada,
un cuerpo vacío,
gritando,
y de la risa nació un llanto eterno
por vivir.

¿Qué hay de mi planeta?
Yo nací para algo.
No entiendo para qué fui consonante
de un tugurio
y el acento de los vivos.

Qué hay de mi

Todo se resuelve en llanto.
Calles vacías que no importan a nadie.
Señales de tráfico que regulan
unos coches por horas durante la noche:
nadie aparca
y la vida se rescata en apartamentos
donde los vientres crecen y crecen.

Ando por las calles con una sombra
que es más solitaria que mi soledad testaruda.
No pido remiendos ni hijos de conciencia ajena.
Nadie me escucha pero todos me preguntan por algo
que ya conté una y otra vez.
¡Este chaval no sabe escribir,
hace las veces de prosa, otras de penas!
¿Y qué es escribir?
Tampoco lo sé,
coches abandonados,
miradas abandonadas,
cuerpos que caminan solos por la inercia,
alguien vuelve a aporrear un teclado...
Eso es escribir....
Volver a la vida tras la muerte..
Viven almas que nunca existieron,
el humo vuelve a las casas que nunca fueron construidas,
el cielo, mar y tierra se cierran
y un hombre camina sólo por la ciudad
preguntándose qué es la vida...

¿Quieres que te diga qué es escribir?
Escribir es caminar hacia algo,
no tengo una luz,
pero tengo dos pies que todavía
pueden guiarme hacia la perdición
si ellos lo desean

Sólo los vivos piden un premio

No comas, no vivas, no respires,
pintate la cara del almidón mortecino.
Vuelve, respira, muere, enamora
y vuelve a morirte. Nadie pedirá explicaciones a alguien que no siente.
La tierra, de los vivos.
Los mejores versos, de los campeones por lograr
La gloria, para los vencidos,
La vida...¡Deja que sienta la vida un minuto!
ya que todos me preguntan por ella.

martes, 19 de mayo de 2009

Todavía tengo algo que contar


Aunque no sea algo útil ni valeroso, ni cargado de sentido, la mano me devuelve al papel de vez en cuando. Prometí no escribir, pero hice una promesa extraña a nadie. Por eso, por algún motivo extraño, antes de cerrar este chiringuito de poemas dentro de poco, tengo algo todavía que decir. A nadie...

La gente suele hablar de armas

Para contar aquello que le abre

Una herida en el pecho

Que no aciertan a señalar

Ni a decir a qué se debe.

Así, dicen: era punzante

Como el silencio de los cuchillos.

Tenía el nombre de un gran hurto,

La piel de una noche brillante,

Sus ojos de cuna en otra frontera

Sin nadie.

Pero no solamente hablan de armas blancas

También se disparan unos a otros con locas palabras locas.

Y la vida va de una punta a otra a crearse y descerrajarse

Los sesos.

Y ponen en sus labios de metal casquillos usados

Perdigonazos, que ni matan, ni pueden hacer daño

Con la fuerza.

Y luego vuelven a recurrir a las palabras.

Me quedo en medio de una tregua, digo...

Vaya bala perdida estoy hecho.