Ahí estaban las palabras mecanografiadas sin rodeos
pieles sin fe, enlutados cestos envueltos del alma rosácea.
Muriendo por la razón
dando a su causa un Dios;
sin Dios qué les queda,
díganme, qué les queda.
viernes, 21 de enero de 2011
El crimen de la velocidad de los años
es santo y seña del suicido,
de los siglos, de su diéresis.
¿Para qué sirve el anonimato bajo tierra?
¿Por qué hemos derramado la tristeza bajo el quinto sol?
¿Por qué andan las plegarias en vela?
¿Por qué estallamos el vástago verso
de los hombres que aún padecen?
¿Para qué la ultimísima respuesta cuando haya amanecido
sobre todo esto,
sobre la calavera de abril
en un otoño anarajando y sin palabras?
es santo y seña del suicido,
de los siglos, de su diéresis.
¿Para qué sirve el anonimato bajo tierra?
¿Por qué hemos derramado la tristeza bajo el quinto sol?
¿Por qué andan las plegarias en vela?
¿Por qué estallamos el vástago verso
de los hombres que aún padecen?
¿Para qué la ultimísima respuesta cuando haya amanecido
sobre todo esto,
sobre la calavera de abril
en un otoño anarajando y sin palabras?
Sín título II
Tienes toda la razón. Es una noche en que todos nos volvimos locos. Los psiquiatras estaban en mi cabeza y yo no podía quitarme sus voces. Volvían a dejarme sobre el diván pero en cualquier caso es una noche de confesión en que el hombre no se guarda para su folio ni el título. Lo reconozco.
Pequé en la noche violenta con el mal de todos los males. Traté mal a todas esas mujeres a lo largo de mi vida. Las grité. Las hice ir a por bebida de madrugada sin apenas tiempo para vestirse. Quiero que sepas que estoy detrás de tus ojos. He caído en ellos y esto es un magnífico juego de chiflados en que andamos jugando al ajedrez.
Pero sí, si lo quieres dicho así, asumo mi culpa. Me emborraché y grité por el balcón y me apoyé en la barandilla para mear a la calle y dije que era para bendecir a todo aquel que no hubiera sido bautizado. Dije que era el nuevo Papa joven en su reciente nomenclatura y que debía de hacer algo para que la humanidad me recordase.Brindo por ello. Después vinieron otras cosas más y no las recuerdo bien pero creo que aposté porque llegaría a ser presidente del gobierno en aprobar las drogas duras y que todo esto desembocaría en una cena llena de jolgorio y una extensa charla con Freud sobre la divinidad y el ateísmo.
Ahora cuando todo ha pasado dicen que fue enajenación pasajera. QUE NO OCURRIÓ. Pero pasó y todavía tengo las pruebas de ese día. Algún día te las enseñaré o te las enviaré por carta. Aunque estemos muy lejos el uno del otro.
Pequé en la noche violenta con el mal de todos los males. Traté mal a todas esas mujeres a lo largo de mi vida. Las grité. Las hice ir a por bebida de madrugada sin apenas tiempo para vestirse. Quiero que sepas que estoy detrás de tus ojos. He caído en ellos y esto es un magnífico juego de chiflados en que andamos jugando al ajedrez.
Pero sí, si lo quieres dicho así, asumo mi culpa. Me emborraché y grité por el balcón y me apoyé en la barandilla para mear a la calle y dije que era para bendecir a todo aquel que no hubiera sido bautizado. Dije que era el nuevo Papa joven en su reciente nomenclatura y que debía de hacer algo para que la humanidad me recordase.Brindo por ello. Después vinieron otras cosas más y no las recuerdo bien pero creo que aposté porque llegaría a ser presidente del gobierno en aprobar las drogas duras y que todo esto desembocaría en una cena llena de jolgorio y una extensa charla con Freud sobre la divinidad y el ateísmo.
Ahora cuando todo ha pasado dicen que fue enajenación pasajera. QUE NO OCURRIÓ. Pero pasó y todavía tengo las pruebas de ese día. Algún día te las enseñaré o te las enviaré por carta. Aunque estemos muy lejos el uno del otro.
Sin título
Donde hay sol, sequedad de luna
Ramal, vientre en la loma caída
y doncellas en tus sienes plateadas.
Donde hay camino, ay hijo, donde hay camino,
preguntárselo al poeta.
--
¿Por qué has venido de nuevo
muerte?
Por qué has venido a cuajar en el espejo
y contarme las rodajas de soledad
que hay sobre mi alcoba negra.
Quién te ha dado el camino hasta mis cicatrices.
Ahí están todas ellas,
caminando hacia mi.
Quizá sea cierto.
Quien cierra la puerta
vuelve a agolpar de un portazo sus voces malditas.
En este cuaderno flaco de invierno,
en donde ya no cabe mi cuerpo,
a tientas escarbo la luz sigilosa y cobarde
que me pone frente al espejo otra vez,
otra vez pactada,
como en aquellos condenados años
donde la luz gritaba bajo mi hierva,
bajo mi herencia de futuro cadáver,
y yo era el saco asustado de tempestades de un innoble crío
que huía en su dormitorio cercado por la lumbre,
por el calor de un batallón perdido
en los tiros de salvas muy temprano,
en la primera hora de la guerra al pespuntar el grito,
y también en esas primeras horas en que
las víctimas caían en números con una inicial de sangre,
como yo entre tanta gente
ahogado por la codicia de escapar a otro mundo.
Ramal, vientre en la loma caída
y doncellas en tus sienes plateadas.
Donde hay camino, ay hijo, donde hay camino,
preguntárselo al poeta.
--
¿Por qué has venido de nuevo
muerte?
Por qué has venido a cuajar en el espejo
y contarme las rodajas de soledad
que hay sobre mi alcoba negra.
Quién te ha dado el camino hasta mis cicatrices.
Ahí están todas ellas,
caminando hacia mi.
Quizá sea cierto.
Quien cierra la puerta
vuelve a agolpar de un portazo sus voces malditas.
En este cuaderno flaco de invierno,
en donde ya no cabe mi cuerpo,
a tientas escarbo la luz sigilosa y cobarde
que me pone frente al espejo otra vez,
otra vez pactada,
como en aquellos condenados años
donde la luz gritaba bajo mi hierva,
bajo mi herencia de futuro cadáver,
y yo era el saco asustado de tempestades de un innoble crío
que huía en su dormitorio cercado por la lumbre,
por el calor de un batallón perdido
en los tiros de salvas muy temprano,
en la primera hora de la guerra al pespuntar el grito,
y también en esas primeras horas en que
las víctimas caían en números con una inicial de sangre,
como yo entre tanta gente
ahogado por la codicia de escapar a otro mundo.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Cárcel me arranca
Sé que no quiero hacerlo, que no quiero decirlo,
y al menos se me dice mansamente
dónde están mis límites.
He visto hoy morir impunemente a mis nietos
los he visto besar la mansedumbre de la tierra seca y agria,
aplacarse, arremolinarse los astros en picado
y en un puño,
caer sus huesos sobre sí en una azalea,
en su lomo desamparado y cobarde.
No hacía más en el sueño o en la tarde obscena
que domar mis libras de carne al viento
y todos me miraban desapasionados, lúgubres, despavoridos,
quietos en la velada del día cuerdo.
Yo, arrojado a las ascuas,
me di llanto, me di un ocaso,
me concedí un pensamiento consagrado.
Y Tú, sólo Tú
a la tarde le pones tú el nombre porque sí,
feroz lince del amor impoluto y violento.
Eres río, turbia urbe, pura,
agua tormentosa, definida, acabada,
cancela abierta en la cárcel de mis días,
por qué se mueren más los muertos,
por qué se mueren sin copla,
por qué se mueren,
sin riña,
sin escarmiento,
sin llanto eterno.
viernes, 1 de octubre de 2010
Desde la locura
Perro hambriento, nubes, qué digo;
manojo de cuerpo huesudo
viendo su final,
acordes de la orfandad.
Tú en vilo.
Tú en vilo.
Tú en vilo.
Pasillos, reguero de luz finísima,
maremoto muerto,
locura.
Bromuro en las entrañas.
Suerte al sístole
si te aguanta la vocación
de tu sonrisa eterna:
el hombre busca saciar su hambre
pero no se atiene a su invierno,
a su santo invierno revelador;
más,
a su hambre,
a su hombría ya saciada.
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