sábado, 27 de diciembre de 2008

Buscando la parte


¿Qué te hace pensar que no te piense o que no piense en nada? ¿La luz del flexo?
¿La panadera con su sonrisa de medio euro? ¿El arbolado de navidad?
¿El locutorio cerrado aunque sea de tu mismo país?
¿Las paradas de autobús desiertas? ¿Los contenedores de basura tirados por el suelo?
¿Las farmacias cerradas?
-No, el escaparate por el que solía imaginarte mirándote para peinarte
o recogerte las botas...Quizá eso.
Sí, quizá....

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Alma triste, alma mundana, alma solitaria,
alma rodeada de gente y acorralada.
Alma que no se va
y se queda en un cuerpo inerte.

Alma que es alma
y no pierde su esencia sin copa.
Alma noble,
alma sincera,
alma tres veces repetida:
alma, alma, alma....

Ama y ensancha el alma

Escritos a media noche


-Se irán gotas de vida -dijo el mayor-

-Vendrán otras nuevas fugaces y renovadas -dijo el menor-

-Y yo apareceré -dijo alguien-y nada volvió a ser lo mismo.

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¿Para qué quieres un corazón solitario si siempre te quedas a solas con él?


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¿Qué quieres? ¿Dormir?
¿No puedes? ¿Pour quoi? (Se pregunta un tipo solitario)
-Porque hay demasiadas calles vacías sin una sombra....
-Las sombras siempre campan de noche, como las mentes lúcidas,
recuérdalo...-dijo aquel otro sin nombre-

domingo, 23 de noviembre de 2008

Mi revolución


Debajo de las aceras no había arena de playa. Tampoco las familias se las prometían muy felices para ir de chiringuitos. Sería un año duro. Sería, sería, y siempre con el puñetero interrogante poblando las bocas de los ministros. Y así lo dijeron sin más. Aunque no nos hablaron de “paro”, “recesión” y de todas aquellas colas de gente esperando en los hospicios por una cama caliente. Siempre di las gracias a alguien como si estuviera en el viento por poder tener cuatro paredes. De lo que sí nos hablaron fue de igualdad y ahora parece que ‘arroba’ es un nombre que hasta un cateto podría aprenderse. El tema es que nadie daría nada por esos chicos de la calle. Por esos pequeños soñadores con tres perras en el bolsillo y muchos ‘planes’ por cumplir. Yo me consideraba uno de ellos.

Entré 2008 con una manta de palos a mis costados (eran doce contra dos de nosotros) pero aún así nada consiguió quitarte la idea de que lo conseguiría. Resistimos y lo cierto es que nos costaron unos cuantos moratones por un tiempo. Pero resistimos, vaya. Luego vinieron varios accidentes de coche, Ange con su esclerosis múltiple y la muerte de otros tantos amigos que alguien se encargó de dejar grabado por mi cuerpo para que no volviera a entumecerme. A partir de ahí, todo sería más fácil. Me enamoraría, me compraría un coche y algún día, sentado en una pequeña tabernita junto a una buena cerveza, diría sin rubor aquello de “la vida es bella, la vida me sonríe, brother”.

Salgo de esta añada con algunas penas y glorias; con algunos sueños todavía en el bolsillo que están esperando a que los coja y los abra en la palma de mi mano. Pero me niego a pensar que he restado una parte de mí. ¡No!, soy algo más. Impreciso, todavía más imperecedero, cubierto de una extraña coraza. En cualquier caso, otras partes de mundo me esperan. Así lo es y así creo que lo quiere, por el momento, la vida. Y, ¿sabes qué? Todavía sigo vivo a pesar de todo. Encantado 2009. Toma estas palabras, son la carta de presentación de este incorregible pieza.


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jueves, 13 de noviembre de 2008

Lo que retrato

De fotos anda la cosa...Ahí os dejo algunas que he sacado. Aprovecho para inaugurar esta sección.











martes, 11 de noviembre de 2008

Retrato II


Corre el minutero y te quedas perplejo, parado,
sin atender lo
Que se fija en ti y te atraviesa.
Siempre puesto a remojar,
Y mojar…
Y mojar…
Y mojar…

Nunca a secar...
Mezclado con una plebe de ideas bastardas…Y sinceras…
Ido a perderse entre algo…Educado en el incierto…
Opinar como ellos, salir, zafarse de los demás
Y verse entre un marasmo social.
Anulado por momentos, arrollando en otros.
Te miras en el espejo, agradeces algo…
Te santiguas tal vez
Te desvistes,
Te quitas
La ropa,
Quitas la anilla…Te bebes una buena cerveza…
Haces pasar por el aro a los extranjeros de tus palabras.

Eres tuyo, cada vez más tuyo, más pegado a ese cuerpo
Del que hablábamos. Enciendes la luz…
Y lejos de ti
ya se haya la gente
tropezando entre codos
y empujando con la mirada.
Miras por la ventana
Y dejas un papel arrugado
Con todo lo que has escrito.
Apagas la luz
Y ya el cielo no te parece tan asesino contigo.
Ya no quiere matarte,
Tan sólo ofrecerte un pañuelo de pequeñas cerillas
Con sus cabecillas diminutas en un firmamento
Cada vez más negro.
Necesitas tomarte unos días. Es agotador.
Publica estas letras,
Sé que soy un genio encubierto
Que nunca será un genio.

No intentes comprender más de lo que ya entiendes.
Un hombre debe ser lo que sueña. Digo.
Y por eso sea cierto que polvo eres y polvo serás.
Entonces también puedas asumir que de parte
De la tierra estás hecho
Y a ella volverás para saldar tus deudas.
Yo intento recordarlo y tenerlo presente.
Al menos, recuérdame como alguien que intentó
Cumplir lo que se propuso.

Crónicas mundanas. Retrato I


Intenso, testarudo, logrado, fulgurantemente reiterativo.
Prolongado. Con amargor dulzón…Honesto.
Humildemente abierto en canal, por días. A gotas,
Moliendo esencias.
Acostado en segundos. Obviando minutos por llegar,
Espacios de tiempo sin tiempo.

Por persona, un militar que no milita ninguna clase de sentidos.
Por cuerpo…¡ay! Por cuerpo..
Uno que busca que sus pasos le encuentren y le lleven.
Aquí y allí. A ninguna parte, a donde no haya un dónde.
En todas ellas. Robando palabras. Haciendo ajeno lo propio.
Entendiendo mis manos, no comprendiéndolas…
Entre algo que viene
A la mente
y…
no viene…
Una composición de fuentes que te deshojan
Y al irse…
Te dejan entero, descompuesto, vivamente sin lucidez,
‘Inviviente’…titubeante…alto, desgarbado, altivo,
¡Denunciando la luz y las estrellas! ¡La madrugada!

lunes, 10 de noviembre de 2008

Colgado


Acabé por beberme todos los ojos de una ciudad
que a mi me parecía en ruinas.
Buscaba en cada portal una historia
y unos labios de güisqui sin tener que pagarlo.
Doble, sin soda, por favor.

Repicaba un campanario de risas
en las plazas atestadas de gente
y a uno le daba por escribir más
y más imaginariamente
y nunca anotarlo en un sucio papel
que hubiésemos perdido en el pantalón.

Aquí todos nos hacemos comunes:
la casa abandonada, las sábanas todavía
con un cierto 'rum rum'
pronunciando tu nombre en cada doblez
en que yo me movía,
el tabaco, la lámpara encendida de una noche incendiando
las voces de nuestras almas,
la soledad acabada,
las marcas de tus pisadas al salir de la ducha
sobre el parqué.

Y nos prometimos tantas cosas
que dejé de acudir a mi pequeña iglesia,
a su altar, a su párroco y su olor a sacristía
y encerado nuevo,
que no era más que abrir el armario
y ver todavía tu ropa colgada
sin usar junto a la mía.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Ya debe ser mediodía


http://www.sociedaddigital.es/poemas.asp

http://empresainformativa.blogspot.com/

......

A veces llego a casa tan borracho
Que siento vergüenza pensar
Que otra noche un techo me espera
Para resguardarme.

Un amigo solía decirme que no ve la televisión
Porque suele sentirse un tipo más pequeño
A la altura de la hierba de los parques.
Siempre ando soñando con tropezar
Con una bonita historia de lavandería
Y abandonar los vasos del bar.

Pero luego me doy cuenta
Que me ciego porque he de regresar
Del infierno todos los días andando
De la mano con la histeria.
Y es, entonces, cuando suelo prometerme
Muchas cosas que sé que hago para engañarme momentáneamente.

No debería decir esto.
Posiblemente, no soy el modelo más acertado.
Pero no juegues con la locura,
Porque la locura no jugará contigo.

Pero qué quieres,
Si aún te escribo es porque no puedo soportar
Que al robarte los ojos
Me hayan robado mi Dios.
Algo en lo que creer.
Ya debe ser mediodía.

sábado, 1 de noviembre de 2008

KEKO, ese gran tipo negro


Además, mi gran amigo Pedro, doctor en la Universidad Complutense de Madrid, me ha enlazado en su blog de empresa informativa, cosa que me ha sorprendido bastante y bueno es todo un lujo. Su blog es muy recomendable, especialmente para estudiantes porque figuran muchas ofertas de 'curro' para jóvenes periodistas, además de mucha información útil que podréis encontrar relacionado con nuestra profesión...Pedro, un abrazo!

http://empresainformativa.blogspot.com/

Antes de dejar el poema también tengo el placer de presentaros un proyecto personal de un amigo mio junto con otros 'colegas'. Aquí os dejo la sección de poemas, donde he tenido la oportunidad de participar. Avanti Carlos!

http://www.sociedaddigital.es/poemas.asp

....

En las oficinas se prepara una gran juerga snob.
Esta navidad nada será igual.
Habrá cientos de pobres agolpados en los portales
Esperando un mendrugo de pan.
Y las calles estarán barridas por un desierto de resaca.

Yo le llamo keko al que pide junto al Opencor.
Es un tipo duro, con la barba rala, un gran negro.
Buena gente…Este mes será difícil pagar el alquiler.
Una cama caliente, un plato de sopa.
Estos días será complicado saber “donde duermo”.

No lo sabremos, tendremos que conformarnos
Con encogernos de hombros
Y asumir que las personas llegan a tener
Una conciencia que debe de habitar en una ratonera.
Pero solo es uno más. Un maldito número más
Que no figura en ninguna lista.
Ni siquiera en la tuya de cosas por olvidar.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Tragaluz


Además, mi gran amigo Pedro, doctor en la Universidad Complutense de Madrid, me ha enlazado en su blog de empresa informativa, cosa que me ha sorprendido bastante y bueno es todo un lujo. Su blog es muy recomendable, especialmente para estudiantes porque figuran muchas ofertas de 'curro' para jóvenes periodistas, además de mucha información útil que podréis encontrar relacionado con nuestra profesión...Pedro, un abrazo!

http://empresainformativa.blogspot.com/

Antes de dejar el poema tengo el placer de presentaros un proyecto personal de un amigo mio junto con otros 'colegas'. Aquí os dejo la sección de poemas, donde he tenido la oportunidad de participar. Avanti Carlos!

http://www.sociedaddigital.es/poemas.asp

Tengo los dedos agarrotados.
Apenas puedo escribir
Pero he de hacerlo.
Para ganar dejar anotado algo de este jodido friso
Sin rostros atentos: vuélcate al vaso.
¡Ron con hielo!
Este es un mundo pálido
En el que uno parece esperar eternamente
A que le toque el boleto
Con el golpe de suerte preciso y certero.
Créeme, el amor no es ciego.
Vuelve a pasar por delante suya si la amas.

Bebo duro. Son tiempos de crisis, dicen.
Deben serlo.
En qué momento las personas se apearon
De la rueda y se abandonaron a alquilarse a ratos.
Las personas, las personas…Las personas…
Todavía retumba, vaya.

Yo sigo disfrazándome de joven
Y perdiéndome allá donde me lleven mis pies.
Normalmente escribo camino de casa
Y en cierta ocasión una persona
Sentí que se apiadaba de mí. Se notó congelada.
Un relámpago pareció revolverla por dentro.
Pasó su mano por el cuello y se santigüó.
“No querría estar en tu pellejo chico”,
le advertí grabado en su frente.
Aunque luego desapareció
Y perdió su mirada a lo lejos de la estación
Junto a otras.

Yo pongo el acento.
Tal vez a veces unas pocas palabras bien entendidas.
Para ti, la segunda lectura.
Ya sabes que no me gusta pensar las cosas dos veces.

Se retuerce el viento.
Muerde el frío agrio y desolador.
Hay que echar el cierre al bar.
Levantar los codos de la barra de platino.
Despedirse de los camareros que ya no están,
Dejar los taburetes en su sitio,
Retener la ira, aplacar el miedo…
Ver todavía si quedan los huesos debajo de los hielos.
Y bajar el cartón metálico comesesos.
El cuerpo responde, amamanta otra idea. Y luego otra
Y otra más. Todas peregrinas.
¡Otra copa! ¡La última!

Uno enciende la mirada.
Ya queda menos.
Tira la moneda a un charco,
Creyendo que es un pozo de sueños
Y tal vez de vida.
¡Jodida Fontana de Trevi de pega!

Para entonces, uno se cree poeta, ensayista,
El mejor de todos los escritores.
Y tan sólo está a solas con su voz y su cuerpo.
Ya el alma es río
Y pasa por debajo del mar.
Ya la vida da otra oportunidad a otra persona.
“Tú ya vivistes la tuya, chico”, te dices
Como después de haber escuchado
Muchas gargantas cuerdas
Y otras no tanto,
Y sí algo más alcohólicas.
“Descansa ahora. Es tarde,
Mañana será otro día”.
Te bendigo este papel
Que tan sólo es un trozo de una agenda
Llena de letras borrosas y mojadas por la lluvia.
Que ahora guardo en el bolsillo de atrás de mi pantalón
Y quizá en otro tiempo sea una bonita genialidad.
Adiós.

viernes, 10 de octubre de 2008

Lo que te dije, y no


Te dije que le dieras vida a un cuerpo:
Estoy lleno de vacíos latentes.
Tienen un ritmo cadencioso y constante.
Sus pálpitos, escurridizos,
emergen goteando en mis arterias.
Juncos de luna, grandes rocas rupestres al aire libre,
Cazadores de recompensas y de vidas.
Como una magnánima perversión de la naturaleza.
Todos juntos y unidos
Por los tumultos de una selva
Que nace y muere en mis confines
Sin tener límites.

Te dije, te dije,
Y tantas veces me desdije…
Que por creer que llevaba razón
Me di cuenta de que hablaba solo.
Con nadie. Frente a un tremendo muro
Que hacía unas veces de espejo
Y otras también sin llegar a serlo.

Te dije que me empujaras,
Que dieras un paso por mí
Y que me mataras
Entre dos constelaciones.

Te dije que me dieras un lápiz,
Que yo me encargaría de darte un sueño.
Y lo que no te dije
Fue que hilvanaras este corazón de mimbre,
Que aprieta, parece dormir tranquilo,
Y desgarra.

Promesas



Prometo....No caer de rodillas,
y no obviar los sueños que nos desplazan del suelo,...
Prometo caer de pie y volar.

Prometo...Lo que no valga nada,
lo que valga todo y me haga más flaco cada día
teniéndolo entre las manos...
Prometo no pactar su precio....

¿Observador?.....
Prometo...No enamorarme más de la mujer en el momento....
Si no intentar hacerlo del momento en la mujer.

Prometo...amar algún día sin decir te quiero...
querer amando...
arrojar mi cuerpo lejos de donde estemos dos personas
y librarme de las palabras...

Prometo...seguir escribiendo para una comunidad de dos,
para la soledad del papel, para nadie, para mi...
Para no parar y arrancar más sonrisas antes de haberlas inventado...

jueves, 9 de octubre de 2008

Nota: No me esperes. Llegaré tarde. Salgo a hacer mi vida


Ey, ey, ey,
¡Vaya!, lee esto.
Frenético, compulsivamente real: el ritmo de la vida,
Quehacer taquicárdico.
Me ves correr lento
Y andar tan rápido.
Guarda estas letras:
Nacemos y vivimos solos.

Sí, yo soy,
Este chaval venido de la calle de atrás.
Ya no te asaltan los porqués.
Del plantel de hermosilla,
Billete en mano todos los días:
Raíles de tren pasar y pasar,
Una ciudad tras otra va recorriendo
cada día las soledades de mis ojos.
Y todos aquellos puentes plagados de mendicidad
Como malditas pulgas al perro,
Cartones, jeringuillas, sangre enlatada,
Todo irreal (parece) a nuestra vista de soslayo.

Ey, ey, ey,
Este que te escribe, sí, no te extrañes.
Dibujo sonrisas a mis anchas.
Ya sabes, soy ese que pasa con su bloc de notas.
Hojas que tiraré a alguna papelera que nadie leerá
Otras que cogerá una estudiante de los primeros años
De universidad.

Ahora lo entiendes,
Ahora me comprendes.
He muerto y he resucitado.
Todos los días suelo pasar por delante del quiosco
En que tú sueles fijarte y ojear algunas revistas de actualidad.
Yo soy ese chico venido a menos
Que suele escribir en los bancos.
Periódico doblado, mochila al hombro: ¡caminemos juntos!

Todas las mañanas hace un frío cortante.
La vida es realmente bella.
Ey, ey, ey,
Soy ese chico de hermosilla
Que no tiene tiempo a mirar cabizbajo.
Las personas tienen pulsado un acelerador en sus suelas.
No paramos. Deberíamos mirar los harapos ajenos, tal vez.

Suelo pasar todos los días por el Retiro.
Ahora parece haberse encerrado en su nido otoñal.
Tengo la impresión de que las estaciones
Se adelantan en las copas de sus árboles.
Caen las palabras redondas en los bancos.
Una mujer joven latinoamericana cuida de una anciana.
Le queda poco por vivir.
Pero sigo pensando que la vida sigue siendo bella.

Ayer aleteó entre dos calles una cicatriz:
Me volvieron a pedir dinero.
Las hojas de los chopos caían, se esfumaban,
La gente pasaba…
¿Quién es ese?

Sí, sí, soy ese chico de hermosilla
Que te regala este trozo de cuartilla
Y que dejo revolotear para que te llegue.
Puedes encontrarme entre las barras de los bares: ¡César, una caña!
How do you do?, preguntas.
Dos palabras: Fila Siete.

Déjate caer un día por este barrio.
Ey, ey, ey,
No lo olvides:
Soy ese chico de hermosilla
Que subió de los infiernos
Para mostrarte algo por última vez.
Ese chaval que suena como un chasquido de dedos:
Bye, princess.

viernes, 3 de octubre de 2008

Suma un asiento al deber


Por ti, por mi, por nadie.
Subamos las copas y brindemos con los vasos vacíos.
Tira la botella al mar,
o entre una alcantarilla y una ratonera por esquinazo,
a ver si termina de caer esta dichosa luna rota,
que no es de nadie
y es de todos a la vez.

Por un billete de 20 que encontré entre dos coches
y hoy es tan sólo un recuerdo que olvidar.
Apréndete la vida,
o, mejor dicho, las leyes de esta vida.
Ajústale las cuentas
si ella no lo hizo ya contigo.

Dale algo a ese que pide tirado entre dos esquinas
y siempre bordeas otra calle
para no fijarte en tus ropas almidonadas y recién compradas.
¿Sientes vergüenza?
Quizá eres otra escoria más.

Pero no te sientas culpable,
siempre tendrás razones para culpar a esta mierda de sociedad.
Eres un producto de ella.
Uno aprende a desimantarse poco a poco de la gente,
a sellar pactos rápido, a acordarlos y no cumplirlos,
en definitiva, amigo, a alimentar los sentimientos con bebida.
Alcohol de las urbes que no es alcohol.
¿Los sigues sintiendo?¿Por qué te preguntaba, verdad?
Este sistema....

Pues eso, deja de ser un ignorante por un instante
cuando des un paso más,
y sigue mirando a la vida de frente,
como la gran caja registradora que es....

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuando uno empieza a nacer



A veces se me olvida que mis labios se convierten en ceniza.
Que llevo miles de razones grabadas en mi mente
Y ninguna en un papel que no pueda perder.
Me abrumo con los pasos errantes
Que doy determinadas mañanas en que me despierto
Y creo ser otra persona.
E imaginar con un trabajo mejor, con una cama caliente
Y con cientos de cosas que no significan nada
-Si quiera en la palma de la mano-
Pero todas ellas me limitan
Si las dejo caer.
No te vayas de este cuerpo. No tengo cura.

Ya vendrán noches más frías,
Ya vendrán rodando en el calendario
Con sus fechas sin nombre y sabor.
Insípidas y a la vez tan presentes.
Ya vendrán…y ya tendré que acostumbrarme
Si me dejas caer.
Ojalá que tu cama herida esté de guardia como un centinela
En cada madrugada robada y furtiva.
Inocente, dije yo.
Fugitivo, huidizo…
Expatriado de un dolor y de una alegría.
Y ahí se quedaron mis gestos.

Comencé a paladear una olvidada canción gaché,
Y a nacer en primavera en todas las estaciones,
En los vagones de tren.
Allí donde las sombras escribían las historias de las camareras
Que trabajan de noche.
Putas, conserjes, chulos, mendigos, abandonados a la muerte…
Allí empecé a nacer…
En sus ojos, en la suerte que tienen como postales de viaje,
En sus bonos al infierno de cuatro paredes al caer las lunas desteñidas
O al aire libre sin poder respirar.

Manta al hombro, siguiendo los pasos de los fúnebres inmigrantes,
crujieron las baldosas.
Trasnoché y dormí en el corazón de las paradas de autobús.
Sellé cada calle de Madrid como si fueran calas.
Jugaba a ser un príncipe en mi gran soledad ajada.
Y una simiente de luceros en vela acabó por palpitar en mis poros.
Papel en mano, paré y me senté a pie de un camino.
Al filo de una maleta de cuero raída.

Y así imaginaba escribirte en las calles
Y besarte en cada portal.
Una historia que pasa en las mejores ciudades.
Tal vez esperaba impaciente la llegada de unos labios
Que tenían el brillo de una cueva de estrellas por comulgar a un grito.
En realidad, cuando migraba por encontrarme a mi mismo
No me daba cuenta de que ya estaba solo y besando la soledad.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Paseando a ciegas


Y todo empieza por un lacónico "y"
O tal vez por un "espera..."
La historia es que me fui para volver,
dando pasos largos, bordeando las calles
y recordando cada acera.

Los portales ya no me nombran
pero se fugan de sus sombras
y proyectan la mía cuando me apoyo en cada farola
fumando un duro pitillo de picadillo.
Con el tiempo, fui apellidado
como aquel hombre que se fue
y viene de un mundo extraño.

No importa: ven conmigo.
Todavía me queda cierto apego a la vida.
Todavía soy capaz de sonreír en las noches de luna.
Te mostraré un teatro de sueños
con su platea y sus espectadores.
Allí el carro, más allá, quizá un mundo nuevo.
Ahora, sólo cenizas.

Prueba, llámala...
Luna, luna, luna,
que te dejaste robar todos tus secretos de alcoba.
Gitanos, mendigos, gente corriente de a pie
en sus camas de hospital resistiendo por vivir:
tendrás que resistir.

Todos te harán suya en un momento dado.
No tendrá tiempo para hablar
cuando entres en cada casa,
te cueles por cualquier resquicio de un puente
donde viven los derrotados,
o cuando alumbres cada cartón de aquellos
que se refugian dentro de los portales o en las cajas de ahorro.

Puta ciudad de sueños estériles. Y bella.
Para entonces, cuando todos hayan pasado,
y yo me haya ido con ellos,
dejaré tatuado en el último pasquín,
o en mis propios huesos:
"Madrid, ciudad del arraigo para los desarraigados".

Todo tuyo: vida de play back,
CDS perdidos en las estanterías que hablan de muchas cosas
y a la vez de nada que escucharás por otra boca que no sea la mía.
No es orgullo, es la necesidad de contarte esto
lo que me lleva a decirte
buenas noches, descansa.
Te quiero....

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Encajar en una cuartilla


Esta vez será definitivo:
Todo estaba hecho para perder la salud en las aceras,
En los bares y en todas aquellas ratoneras
Donde no nos perdonarán un traspiés,
Ni tan siquiera un tímido “lo siento”.

Todo está preparado para que arrugue el papel de escritorio,
Para que vuelva a escribir a la luz de una vela casi consumida
Por su soledad. Una playa desnuda que entrará por la ventana que
Yo tendré abierta. Para que entren con ella todos los recuerdos.
Los marineros, los barcos en tierra, los cafés del paseo,
La subida de la marea y esos sueños imposibles:
Veo tus pasos marcados todavía sobre la piedra de arrecife.

Y ahora tendré que salir a buscarme o inventarte
Entre los borrones de tinta que dejé sin limpiar.
Fumo en la ventana. Pasa la gente con sus pensamientos
Rondando sus cabezas soñadoras.

La mesa espera un cuerpo caliente que la cuide,
Un teclado por desempolvar,
Un vaso por romper contra un pared en un arrebato,
Tal vez una botella de guisqui por beber de un trago.

Todo queda por nombrar y por que me lleves del brazo: vamos.
Y todo queda al otro lado del puente en que ya no pasea la gente.
Los bares están cerrados para la gente normal.
Bueno no para la gente en si: para todos aquellos que no arañan su piel
De hojalata y viven en el sueño de un rey. Sueñan con sus planes.
Han pasado ya algunos años desde entonces pero
Yo y todos mis planetas cabemos en esta cuartilla que te regalo.
¿La quieres?

martes, 16 de septiembre de 2008

Taquillera de barrio


Tenía los ojos grandes
Como uno de esos muñecos olvidados de zaguán
Con los que solían jugar tus ‘viejos’,
O tal vez como una de esas taquilleras que no pueden abrir los ojos
Por el humo, por el cansancio,
O más bien porque no les apetece.
Siempre andan rastreando con sus ojos apagados
La máquina de los tiques.

Tenía pinta de llamarse Dolores, Susana,
O cualquier otro nombre de funcionaria
Con una corona de espinas imaginaria colgando de sus hombros.
Así la imaginaba yo.
Y una mañana me la encontré, de pronto,
Trabajando en una panadería de barrio,
Con las manos manchadas de harina,
Mientras contaba las cuatro monedas
que había en la caja registradora.

Y entonces fue cuando recordé
Aquel momento en que salí a la calle
Con un cigarro a punto de caérseme de los labios,
Con un cielo azul encenizado y los barrotes de los portales helados.
Recordé también las palabras de un filósofo urbanita
Que durante un tiempo fue amigo mío.
Vivía en uno de esos cuartos calientes por noches
Que se alquilaban en Lavapiés.
- “Un día saldrá y te enamorarás de esta sucia ciudad con todos sus complejos”

Y entonces fui a enamorarme de una taquillera del centro.
Para entonces me daba igual
si era una chica de barrio…

lunes, 1 de septiembre de 2008

No maten al violinista


No maten al violinista que compuso la noche
de los cristales rotos,
aquel que dejó sus letras ahogadas
en un trozo de papel que tú recogiste.
Ponía algo así de doble corchetes, de rosas negras, algo así...
Son algunas letras que recuerdo
después de haber pasado toda la noche robando miradas ajenas,
apuñalando sonrisas, comprando un cuerpo que solamente
estaba en alquiler,
probándome a mi mismo...
Todo para saber cuál era mi fin...
Y en los bares te dije también algo así como que nos veremos.
No lo dije con mucha convicción,
pero en mis labios aquellas palabras sonaron firmes, llanas,
sinceras, redondas...
Y todavía creo que te debo una copa,
por cuando me cruzo contigo en la calle haciéndome el despistado,
por cuanto todavía espero en el banco de enfrente de tu trabajo,
a que tu bajes el acordeón metálico
y me digas todavía, ¿nos vamos?...

viernes, 29 de agosto de 2008

Papeles de escritorio


El tintero se aleja y se acerca de la mesa sobre la que escribimos. Eso si tenemos, si no...todo guardado en nuestra cabeza...Me acuerdo de las cartas de Arthur Cravan cuando le decía a su chica desde el otro lado del Atlántico "Córtate uno de tus cabellos o vente aquí con todos ellos".Dicen que la sangre tiene dos latidos, uno del que siente y otro del que amarra la pérdida. Reflexiones a vuela pluma como diría el boxeador de Nueva Delhi..."quiero cojer todos los trenes, ir a Viena, estar en Calcuta y atiborrarme de todos los platos"...Bueno eso y que quería "fornicar con todas las mujeres"...

Tal vez la vida sean solamente sean instantes y nosotros unos perpetuas rocas anquilosadas que no saben apreciar la velocidad del tiempo...Por eso aquellos, quizá, que hacen de su vida un eterno pero pasajero viaje se desplazan más rápido que los demás...Por eso hay gente que tiene más cosas que contar....

Hay ciudades desheredadas,
otras herederas de nuestros pasos,
antes incluso de nuestra llegada.

Hay pueblos que descansan
y otros que nos filman con sus ojos burlones y lacónicos,
como una vieja leica,
en pequeños fotogramas de blancos y negros,

Hay, hay, hay tantas cosas que no entiendo
que te diré que tú puedes creer en lo que quieras...
Yo creeré en lo poco que sé...

Olores que se pintan solos


Admiro aquellos hombres que se levantan
un día cualquiera por la mañana
y van a comprar el periódico local
o aquella otra revista de papel brillante.

Como quemando soles al introducir sus manos
en unos bolsillos remendados,
van contando una a una, mentalmente,
los sabores de su próxima compra.
Dejando tras de sí, a cada paso,
los secretos de una alcoba calentada
por un cuerpo casi todavía presente.

Pero es hoy cuando tengo que decirte
que mi cama está fría.
Y, a decir verdad, no desde hace minutos, segundos, o tal vez días,
sino desde madurados meses cobijados en su propia lujuria,
una locura tempranamente pervertida.

He de confesarte (es verdad) que se trata, algo así,
como de un rayo cesante y quebrador de almas,
como un relámpago de hielo
que escarcha las amansadas sábanas solitarias.
Y empecé este poema,
recordando cómo se escribían
aquellos versos seguros de amor, de abandono, de penas, de gloria también,
pero no salieron más que nudos de palabras
en una agarrotada manta de sílabas,
que a mi me parecían livianas
pero rodaban pisando los pies de los transeúntes.

Y así fue, más o menos,
como llegué a deberme una parte a mi mismo cada mañana de otoño,
y de verano,
y del resto de estaciones que tú bien recuerdas
y así no tardabas
en poner tus yemas
para que yo parafraseara como un tartamudo solitario.

Creo que lo conseguiste
por cuanto me considero un inquilino
en una azotea poblada de creación apagada
y que, a veces, truena con un espumoso oleaje marimandón.

Pero hoy es hoy,
y mañana tal vez sea otro día
en el que ya, a lo mejor, ya no me encuentre.
Y la cama me recuerda a un noble océano
en que la luna cayó rota de espanto,
rompiendo las costuras de los cojines
en los que tu solías apoyar tus pensamientos.

Y aún hay más razones por la que creo que mi cama
se conjura fría e inhóspita.
Puede ser el reloj roto junto a la lámpara,
los zapatos mordidos por el tiempo,
o quizá, y más posiblemente, el medio vaso de bourbon
y el cuarto de paquete de cigarrillos rubios
que debí dejar aparcados sobre la mesilla.

Y yo no fumo
y también solía decir
que no tenía por costumbre beber entre horas...

sábado, 19 de julio de 2008

CONSIDERACIONES II


? El alma se ennoblece con la pena porque tiende a estar sola y a sentirse sola rodeada de gente, aunque luego ella te esté esperando con un bonito paraguas de colores apostada en una esquina, tal vez en un banco. Tal vez, a ti.


Si todavía no te ha quedado claro, saca la regla y el cartabón, es fácil. Mira amar es algo así como no saber que se está amando. Uno se siente pobre, desdichado de la noche a la mañana. Y, a la siguiente, es un matemático capaz de formular cualquier cuenta que te incluya a ti sobre el viejo encerado de la escuela. Amar es preferir escribirte precisamente con los viejos lápices de colores mordisqueados a hacerlo con tu Olivetti o con tu ordenador. Es callar y acomodarse en el propio silencio a escuchar su conciencia. ¿Qué dice? Claro, tantas y tantas cosas. Que si tu ropa, que si tu mirada. ¡Pero cómo no va a pensar en ti antes que en un mismo!

El amor es un centro esclavo sin espacios entre sí. No permite la duda ni la resonancia externa. Es curioso cómo se aleja de los doctores del extrarradio y tiende a palparse aquí y allá en nuestro pecho. Ningún amor tiene los pies feos si sabe caminar por la tristeza. Es como un anticuado rito que resurge cada año de manera puntual y lleva entenderse con la otra persona porque sí. Amar debe ser mentirse a sí mismo una y otra vez y coger el último tren de la tarde de camino a la casa de a quien se ama, a sabiendas que luego le tocará a uno andar hasta casa.

Debe ser la más bella de las ingenierías por estudiar. ¡Aquel castillo de papel me lo ponen ustedes aquí! ¡El señor que tiene el frondoso bigote que tenga cuidado con el torreón, que ahí debe ir ella para poder salvarla! ¿Lo vas entendiendo ahora?

Amor es pararse en los escaparates sin darse cuenta del precio o no tomarlo en consideración deliberadamente y e imaginarse qué prenda le quedará mejor. Picar el billete del autobús y perder nuestra mirada entre pelucas, peluquines y cabelleras de verdad como pretendiendo encontrarla en su final. Estar enamorado, como tú me dijiste a mí una vez, no es querer a otra persona como un peluche ajado y lleno de compasión, es retornar a solas con nosotros y escuchar los ecos de nuestra conciencia como el repicar de las cuerdas de una guitarra. Amar es sembrarse de dudas y despejarlas todas cuando ella levanta sus gafas de sol a la altura de sus cejas. Hacerse preguntas estúpidas y, por último, la más simple.

¿Quién podrá resistirse a unos labios de seda, a sus ojos parados y vencidos, y a su alma arrolladora y pausada? Nosotros no. Pues eso, es como tenerte sin tenerte, mientras yo apuesto por tu tacto en mi piel y tú por tu piel en mi tacto.

viernes, 18 de julio de 2008

CONSIDERACIONES


Todos poseemos un gran enigma pero quizá el mejor de todos es saber si uno está enamorado de alguien. Están los amores de la niñez, con sus flechas y sus miradas orondas y atónitas; los juveniles, de pecho y fuerte músculo, de carretera de bicicletas y veranos tumbados al sol en una toalla; aquellos más locos y más pobres, de harapientos bolsillos y alma noble, los de la madurez; aquellos otros, también, de la semejanza por ir cumpliendo año tras año, y no por menos no ser aquellos en los que no se pierde el corazón y, tal vez, la cabeza. Y los que queden por llegar y relatarte o quedarme con la pluma en la mano y los labios sin despegar ni entonar la saliva. Pero supongo que estar enamorado es, sobre todas las cosas, encontrarse con su propia locura.

Llamarla a la puerta, entrar sin ser recibido y correrse una buena juerga junto a ella. Entretenerse en los sueños estando despierto y envejecer con promesas sentado una tarde a solas consigo mismo. Es algo así, diría yo, como un juego de máscaras en el que no has sido invitado pero te da igual porque ambos apareceréis. Y si quieres entumecer tu vida y relajarte, qué mejor que el hambre de los pobres y a acudir al encuentro del otro. El amor debe ser, según sospecho, una migaja de pan puesta frente a dos frentes y dos bocas hambrientas. Visitarnos en sigilo y con la compañía del otro. Aclarar nuestros pasos y pisar las baldosas entre sus canales y no tener miedo a caernos. Entender el amor ya es otra cosa, pero ahora no he venido a hablarte de amor propiamente.

Me entenderás en breve. Vengo a hablarte de su ciega y tierna locura. Amor es no descartar la palabra imposible de tus ojos ni de tus labios. No poder ver más allá de los hombros de la otra persona, de sus coderas y sus hombreras en un traje de chaqueta de lana. Ver su cabello caer y moverse a un ritmo lento y a la vez tan obsceno. Contemplarse y pensar que la gente sobra y vosotros también quedaréis excluidos en un abrir y cerrar de ojos. Amar es irse por el camino de ida y llegar a la frontera del dónde sin preguntar el emplazamiento nunca antes y después del camino. Aquí no caben dudas, la reina es la más seductora y linda. Aquí no caben dudas, porque, si he de elegir, te quiero cerca, cerca y cada vez sin menos espacio. Yo no elijo amar como no lo eligen la mayoría de los mortales. Ni los sueños, que nos son sellados como en un viaje turbulento, casi como comprado en un boleto, cuando optamos por esta y por aquella cama, y por esa almohada. Y ¿qué me dices de esas gotas finas de lluvia en una tormenta de verano? ¿Acaso no son la tinta que carga tu pluma y te da vida para seguir escribiendo por ella?

Té caliente, por favor


Ríete, ríete mucho hasta que tus mejillas se sonrojen de vergüenza.
Hasta que dejes de pensar
y te pierdas en la propia oscuridad de tu boca.
Tómate entonces a la ligera
la mirada de las gentes concurriendo a tu alrededor,
sus cabezas cambiar de sentido y posarse en tus facciones límpidas
y juveniles. Amantes de lo propio y de lo ajeno,
aunque más de nuestro fuero.

Sólo entonces, iré a llamarte,
o esperaré tu voz apagada,
cuando tus costados ya se hayan relajado
y no te duelan de reír.

Encuéntrate conmigo.
Vale,
te invito a una taza de té caliente como en los viejos tiempos.
¿Tal vez en la Cebada? ¿Tirso quizá?
-Sin azúcar, dirás tú.
Y yo reiré llegado ese momento antes de preguntarte
¿Porqué ese por qué?
Oh...
-Porque ya sé llorar cada vez que río,
deja que lo tome así.

miércoles, 16 de julio de 2008

ERAMOS JOVENES Y VIEJOS BORRACHOS


Pepin y yo nos la volvimos a coger de manera tremenda. Siempre salíamos del curso como dos pobres cobardes esperando cobijo en alguna taberna. Agraciadamente, Perú o Colombia estaban con nosotros, porque allí estaba ella tras la barra del bar del perdido polígono dos semanas en San Sebastián de los Reyes. Evelin o Martina o algo así se llamaba creo recordar. Pero bueno, el caso es que dejamos nuestras mochilas del trabajo y empezamos pacientemente con unos vinos. Luego otro, y otro, y otro más. Así hasta que pasamos al alcohol duro y acabamos fumando marihuana en los tapetes del bar. Lo siguiente que recuerdo es que nos echaron de los dos transportes públicos que cojimos y que Pepin se reía de mi particular forma de andar, con mis dos piernas divorciadas y a su bola. Decía que andaba como Groucho Marx. Bueno, la cosa tenia su gracia aunque el era un tremendo gordo, una enorme bola de carne. Pero éramos amigos de correrías y ¡que demonios! Nos sentíamos vivos y felices. No teníamos que dar explicaciones a nadie ni tampoco ese nadie nos la pedía. Al final, le perdí por el camino y acabe vomitando en cada tren que cojia y bajándome en la parada siguiente. Debí de pelearme con alguien porque mi cartera no estaba en mis bolsillos y en mi labio una pequeña comisura de sangre bajaba hasta la barbilla.

Todo esto tiene su gracia porque hace apenas unos días habían rechazado mis colaboraciones para Asertos sobre política exterior y la agencia grafica Estok tampoco había aceptado mis fotografías sobre la manifestación pronazi. Lo cierto es que la vida era bella aun así. Tenía dinero todavía en los bolsillos. Pequeñas monedas que juntadas me hacían soñar con otro trago de ron, o tal vez un buen chato de vino. Un marques de Cáceres, un Ribera del Duero, que mas daba.

Cuando llegue a casa, conseguí desprenderme de todas las ropas y meterme en la cama, no sin antes conseguir unas buenas líneas que al día siguiente no supe descifrar en mi pequeño cuaderno de notas, pero que yo sabia que había escrito. Así lo recordaba.

Debía ser de día cuando desperté porque tenía un picor sobre la nuca que me impedía retomar el sueño y la ventana estaba abierta de par en par. Las viejas medallas de deporte que tenia colgadas cerca del cabecero de la cama repicaban contra el somier de hierro y me impedían abandonarme con la cogorza. Entonces me hice la firme promesa de que no bebería como lo había estado haciendo en los últimos tiempos. La palabra para cualquier persona que no entienda la filosofía del buen beber seria salvaje y descontroladamente. Pero yo cada vez estaba mas convencido que lo hacia para lograr la paz interior que no me proporcionaban las drogas como el LSD de esos puñeteros esnobs hijos de chapistas.

Ahora Sonaba el teléfono en la mesilla. No paraba de vibrar el jodido aparato y me preguntaba porque no había sido capaz de perderlo entonces en un viejo callejón o tirarlo a una fuente o tal vez exponerme con gusto a que me lo robasen. Era Pepin, se había metido en un lío otra vez. Estaba en Carabanchel. Necesitaba dinero para la fianza. Allí fui a por el. Pague y salimos los dos. Cruzamos la calle, torcimos por la esquina de la Correderia Baja y nos metimos en el primer bar cercano a la Cava. Pedimos dos cervezas. La rueda seguía, te lo dije, éramos jóvenes y teníamos dos almas de pugiles desgastados. Era tan solo un asalto más en la vida. Ahora tocaba saltar otra vez al ring, mientras nos bebíamos nuestras jarras frías y yo escribía tu nombre sobre las gotas de agua del vidrio. Hasta otra darling.

martes, 15 de julio de 2008

¡Nos vemos!


A veces no se como empezar una buena frase. O tan siquiera comenzar a escribir algo que sepa que ha salido de mi y lleva mi sello. Tengo la sensación de perderme en un mundo de sombras. A medio camino entre las siluetas de las personas y mis ojos y labios cosidos a una careta de cuero.

Tengo una cicatriz en la mejilla que siempre digo que es porque me caí cuando era pequeño pero en realidad no recuerdo porque fue. Si no me queda la memoria para recordar estas cosas no quiero nada de mí. Es curioso cómo logramos despreciar nuestro cuerpo y someterlo a una profunda dejación cuando el alma que lo posee lo azota sin castigo. Eso que llamamos alma, debe de ser la conciencia, los sentimientos, un mágico mix de emociones que nos permite hacer las locuras mas inimaginables y llegar hasta los estadios mas altos de la degradación humana.

Vaya por delante que todo quedará entre estos papeluchos estrujados. Pese a que el otro día casi vuelvo a no contarlo te escribo estas líneas. No se si muy sobrio o muy ebrio de amor. Pero si que al menos cuando te escribo, el folio parece puntear por sus bordes tus facciones. No necesito que lo pienses. Tan solo decirte que me marcho. No puedo decirte que muy lejos porque ni tan siquiera yo lo se. De momento, te digo que me estoy bebiendo un café bueno del Fila Siete mientras miro a través de sus cristales empañados.

Hace buen día. El sol esta ya alto. Hay un negro al lado de la puerta vendiendo CD’s y Paco, el politoxicómano, parece haberse despertado de la siesta en el banco y ya anda pidiendo un cigarrillo. Pago un 1,10 por este maíz tostado. Ya nos veremos. Hasta pronto. Y yo salgo con la luz atravesando las copas de los árboles pegándome en la cara, mientras me pierdo por la calle de atrás.

martes, 24 de junio de 2008

Luz dormida


Anoche caí balando
entre las losas destartaladas
y grises de un Madrid cada vez más pobre,
creyendo que era mi cama
y tú, recostada, todavía te hallabas en ella.

Me juré cien veces que cambiaría
en las noches de vino y rosas
y aquellas frías donde no tenía dónde dormir.

Posiblemente mi error fue conocerte
y no poder borrarme tus pasos de mi mente
entrar como la luz ligera
por debajo de la puerta de madera
cuando yo hacía que dormía
y tú te quitabas los zapatos.
Y en ellos, tus pies mudos, soñadores, libres.

Hablamos muchas veces de promesas,
de futuros trabajos y de sueños irrealizables. También de sueños
que algún día cumpliríamos en algún país.
Trabajaríamos y viviríamos en una vieja habitación provinciana,
en un hotel de carreteras tal vez
y dormiríamos en la buhardilla desconchada que nadie quisiese.

Nunca elegiríamos renunciarnos
ni apagar nuestras sombras.
Bajaríamos al portal de la mano,
tocaríamos la hierba aplacada por las gotas de agua
de las jardineras y jardines
que cayeron la noche anterior
de los tejados.

Entonces, soñábamos a ser el otro
y a no decirnos mucho. Pero tampoco nada.
Porque las palabras nos gustaban cuando
salían de la boca del otro
y tú o yo podíamos quebrarnos y atajar nuestros labios
hasta el silencio
y abandonar nuestra suerte hasta el próximo callejón.

Yo viví con la promesa de no despertar
y tener que drogarme cada día
de la luz de las farolas, del empedrado de las calles,
de sentir tus pisadas tras de mí en un paso de cebra,
de encontrar tu rostro en un escaparate liquidado
en las desafinadas cuerdas de los guitarristas callejeros,
debajo de los puentes macizos
resonando los ecos turbulentos.
Non, merci, me dijiste en un abrir de miradas.
O quizá lo inventé.

Dime con todas estas palabras rezumantes
que arden en un papel por caerse a la mesa,
¿cuándo lloverás tú?

miércoles, 18 de junio de 2008

Tu tristeza. A tu lado. Homenaje.


"Un mes de mayo, un mes de abril, no sé que tren perdí. No sé qué tren fue el que perdí. No te supe hacer feliz pero estas cosas son así. Luego llegó la despedida. Luego pregunté por qué me dejas....Ella contestó....Por tu tristeza", Enrique Urquijo.

Un mes que creíste tuyo arrogándotelo.También tu vida al limitarlo. No la poseemos, la etiquetamos por un tiempo. Le ponemos nuestro pequeño sello de cartón. Y nos preguntamos esta y aquella cosa. Y a veces no damos con la respuesta. Y sí con personas que llegan a cubrirnos partes de nuestras dudas. No todas. También aquellas que nos llenan de dudas. Y entonces hablamos de la soledad y de la tristeza, porque como decías no sé hacer canciones felices. Yo tampoco. Las canciones tristes siempre son las más profundas porque tienen mucho que decir. Algo de razón tienes. Tú tenías tu razón y es curioso cómo uno se acerca a esas letras...Cerca, lejos, Cerca, lejos, Cerca, lejos. Más cerca, Más lejos. Hasta siempre.

Me gusta perder la voz entre otras voces
y que se me oiga aunque tú no lo sepas
y luego me veas dormido en los coches.
También me drogué comprando promesas,
y en los bancos fríos, en sus costados de plomo y hierro macizo.

Apenas tuve que blindar mi puerta
y levantarme por la mañana
para darme cuenta de que ya nunca estabas.
Tener tu cuerpo caliente y tus calientes manos,
abrasarme al tacto, caerme en la profundidad de tus ojos,
y ser atravesados por ellos: resucitar, volar y hacerse uno libre.
Perderse entre la gente y sentirse especial.

Tantas, tantas cosas que no volverán
y se irán con mis cenizas,
que debo decir que rompí todos mis poemas.
Los de tristeza, los de penas, los de abandono,
aquellos en los que dos almas estaban juntas,
se separaban, y se volvían a reunir también entre las hojas secas
de un parque olvidado. Como un sueño roto cosido con los alfileres que nos alejaban.

Desde hoy algo ha empezado.
Algo que se retuerce entre las miradas que se cruzan.
Miradas impersonales, de gente que se conoce solo por sus locos vestidos locos.
Llenos de colores, de sin sabores.
Es tiempo de revisarnos, de examinarnos, y de compartir sueños.
Pero a tu lado.

lunes, 16 de junio de 2008

No me ofrezcas otro trato


No me ofrezcas otro trato.
No me regales una ofrenda:
sella mis labios sin labios,
con moneda o sin ella.

Teje de madrugadas
un archipiélago de cielos enrejados,
vete y asomate al abismo
del sol y la sombra encadenada
que se quedó en mis costados.

Cruje la escarcha y la nieve dormida,
al paso lento y sinuoso,
como rompían las sábanas que serpeaban
entre tu cintura y la mía.

Se acuesta el caballo de la aurora,
y la virgen de la bata de cola,
ruedan las manos sobre otras manos,
y yo, perdido, ya no reconozco las mías.

Muge el campo elevado,
se parte la hierba blanda y áspera,
se levanta la poderosa fuerza de la naturaleza,
sella, ahora, mi boca, niña.

Descalzarse. Sólo leelo.


No hace falta escribir mucho, ni tan siquiera bien. Basta con saber encadenar unas buenas palabras, tal vez sencillas, que nos enseñaron cuando fuimos al colegio. O quizá también hacer algo con aquellas otras que estaban escritas en un viejo papelote que un compañero de fatigas nos pasó. Arrugado, lleno de manchas de lápiz y borrones, que alguien, tal vez también un viejo escritor, escribió con su lacónica pluma. Pero también aquellos olvidados fonemas estaban en un libro que le cojimos a nuestra madre o a nuestro padre de la estantería de casa. Estaba allí, casi pidiendo que le abriera y sacudieran su alma. Sí, te hablo de sus páginas, de su polvorienta voz que tanto clamaba.Y tú, inocente de ti, fuistes al día siguiente con aquellas frases lustrosas a enseñárselas a tu compañero o a la chica que te gustaba de clase...¿Mira qué cosa más bonita?

Luego, cuando nos hicimos más mayores tal vez eran las chicas las que escribían, recopilaban versos o extractos de libros. Pasajes de algún autor de moda, oraciones con gancho y que ellas se cuidaban muy mucho de transcribirlas a sus cartas perfumadas...Si todavía no sabes de que te hablo te daré alguna pista más. Me cuesta poner nombre mis pulsaciones, al latido de mi alma añeja y cicatrizada. Duele, sí, y abre sus costuras cada vez que alguien se acerca a echar un ojo. Por eso te mando esto. Para que lo leas, para que simplemente veas que son tres o cuatro párrafos de alguien que tomó cierto gusto por la escritura. No es nada, pero bueno es todo a la vez. Simplemente tengo la sensación de que, en ocasiones, me cuesta ser sincero. ¿Todavía no sabes de qué te hablo? Bueno, en fin, atiende. Cuando uno va haciéndose más mayor cree que se hace más complejo. Que es más maduro, que ha visto más cosas. Y, sin embargo, te has parado a pensar alguna vez porque nos conmueven las cosas más sencillas. No, ¿verdad?

Pues después de darle muchas vueltas creo que es porque somos más simples de lo que nos creemos.Una sonrisa, una mirada, un helado con tu cucharita, una compañía femenina durante una tarde de paseo, una cerveza en un bar, no tan lleno, un chiste, un comentario, alguien llamado como tú, alguien que no se llame como tú, pero tenga tu forma...¿Sabes ya de que te hablo?

miércoles, 11 de junio de 2008

PALABRAS CRUZADAS


Agarrar las últimas ramas de coraje,
y vencer de corales el viento.
Con los dos pies, y sin ellos,
caminar con paso firme y severo,
y a la vez no ver mis pisadas.

Escribirte, entre medias y letras
y frases por acabar.
Y decirte,
que aún me siento sólo,
e inmaduro,
y temprano.
Algo así como un chiquillo falto de cariño,
algo así como cuando tú me miras
y yo no me muevo,
y soy tu guía,
y yo tan sólo lo fingo.

domingo, 1 de junio de 2008

MIEDO


Tengo miedo. Miedo a tener miedo. A no desprenderme de este miedo absurdo y cruel. El miedo como tu compañero inseparable, como tu camarada y traidor consejero. Como tu mejor amigo entre bar y bar. Miedo como tú. Miedo como yo. Yo soy miedo. Yo aparto el aire centelleante y miedoso para no verte y huir. Para ver y huir de miedo. Para convertirme en miedo y escabullirme desnudo entre la lluvia. Para pasar frío. Para no pasarlo. Para ser indiferente a las tormentas, y a la soledad. Para no tener miedo un instante. Para tenerlo toda la demás vida.

Miedo ¿porqué eres miedo? Miedo por qué te hallas y desapareces cuándo te calzas de luto. Miedo, una vez más, ¿porqué? ¿A dónde se fueron tus respuestas? ¿Tras tu manta de sombras? ¿Sobre tus pliegues? ¿En tus costuras? Miedo, ¿qué forma tienes, miedo? Te escribo, entre dos lunas rotas, entre los meses partidos y perdidos de su singladura y nombre de esencia. Miedo, da igual que no me escribas. Yo sí lo haré. Vete con tu nombre puto y manoseado. Con tus ramas de sueños, alimentadas de limones relucientes y madrugadas acabadas. Miedo vete, miedo. Cómo suenas. Descalzo, libre, austero, prójimo, ágil, tortuoso, dúctil, redondo. MIEDO.

Tu miedo, el miedo de aquel que pasa anudado en una bufanda caminando firmemente pero a la vez agazapado en si mismo. El miedo de la gente, el miedo de las propias calles porque las habiten y no se queden solas una madrugada tan solo. El miedo cuando bajas del coche y sabes que otra noche has vuelto a equivocarte. El miedo que se hallan entre las gotas purpúreas de neón en los vasos de cristal a las cuatro de la mañana en un garito de mala muerte. El miedo por pensar que mañana será otro día y no quieres que lo sea. El miedo porque sea precisamente otro día y tú quieres que sea ayer.

Dilo, sí. Pronuncialo con tus labios enteros y apagados. Miedo. Entre el vino, entre tres puros, entre dos cigarrillos a medio consumir. Entre las manos temblorosas, carnosas y sembradas de venas. Miedo, entre tú y aquél de allá. Entre dos almas, o tres. A no contar con nadie. A contar contigo mismo. A contar contigo sólo. Miedo por querer y no ser querido. Miedo por sincerarte y hallarte en un penal sin pena.

A la soledad. Ahora que la soledad está sola...MIEDO. A todo. A quedar tumbado sobre una noble acera, apoyando tus mejillas sobre un charco ruinoso y un pavimento desolador. A mirar el mundo plano y vertical. A la altura. A mezclarte entre la gente y perder tu identidad. Miedo a emborracharme y ser otra persona. Miedo a no emborracharme y serlo igualmente. Miedo a escribir estas palabras y saber que una parte de mi mutó y se quedó entre ellas. Miedo a casi todo lo que no conozco y a todo lo que ya si me arrancó la piel. A la cama sola, al trabajo mecánico y desquiciante, a las miradas indiferentes, a la correosa entrada de saludos, a las despedidas, a tener el adiós en tus labios para siempre inmóvil. A no quedarte entre los demás, a quedarte y no hallarte presente....A sangrar nuevamente y cruzar la ciudad entre luces, felicidades y sonrisas.

Hasta siempre, te dejo estas líneas...¿Qué tienes? ¿Miedo?

viernes, 30 de mayo de 2008

Si todavía me lees


Echo de menos echar de menos,
tanto como nombrar un apellido
de uva madura.
Un vino afrutado y revoltoso, tal vez también.
Echo de menos decir adiós,
y con él las palabras que caen
entre las rodillas huesudas y solitarias.

Pero permíteme contarte algo,
acaso te robaré cinco minutos
de tu atesorado tiempo.
Ven, acercate, toma asiento:

Jamás pensé que las promesas
volverían a abrir su sutura,
en algo prometo,
en algún día,
en algunos pasos entre rosas de otoño,
entre algunos cuerpos tumultuosos
y cálidos.

Todavía concibo aquellas tarde de chiquillo
en el encerado de la escuela,
el olor de las tizas cuadradas y polvorosas.
La profesora levantar la mano,
dejarla caer,
su mirada reprobadora y huidiza
entre otras miradas.
Todo lo que aún no se fue de mi.

Tanto como decir tanto y todo a la vez.
Tanto como aplastarte contra mi pecho
y decirme que aún soy pequeño.
Y jugar con ese viejo balón, casi de trapo,
casi temprano, casi desinflado. Y tan real.

El olor a tierra mojada.
Los autobuses venir a acostar sus mugidos.
Las nubes pobladas de alboradas,
de pinceladas malvas y pálidas otras.
Tantas, tantas cosas que vendrán a mi memoria
en carros. Pero llegarán.
Despacio, amargamente cansadas,
pero tan vivas y feroces como antes.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Evohé


Uno debe aprender a confiar en nadie. Debe no confiar en alguien. Ni en uno mismo. Esto quizá suene duro, pero es la puta realidad. Ser hosco a veces te lleva a encontrarse consigo mismo. Para mi, no hay dudas. A veces, uno templa sus ánimos y la cólera que siente por un amigo perdido, por un trabajo que se pierde tras un barrunto de insultos o cualquier estupidez más y termina por sentirse peor al final. Luego, ya te dije, si no no estaría contándote esto ahora, una lata de cerveza, un sillón, una ventana junto al mar.

En fin. Bueno junto al mar, no. Junto a la ventana, pero será más de lo que hubieras podido imaginar en una mierda de día. Mujeres mayores, no tan mayores, con sus feos vestidos y sus feas sonrisas de mediodía. Pero a ti, que te dejen en paz. Ahí estás, evohé. Tomando tu birra de media mañana, pensando en tus cosas. Sin trabajo. Libre. Liebres que saltan delante de ti. Otras cojean. ¿Y qué? ¿Te sientes peor por decir lo que piensas? Olvidate de eso. La grandeza de la vida es encontrar la propia grandeza en las cosas que haces. Aprendelo. No hay más. Y quien te diga lo contrario, será un gilipollas toda su vida. El arte no admite lindezas aunque la gente las plasme en sus "obras". El arte admite la propia grandeza del arte. Se tiene o no se tiene. Se nace o no se nace.

Macera tus ideas, moldea tu estilo, tu arte o lo que coño puedas hacer con tu mente o unas manos mancas, pero ¡eh, amigo! ¿y si no tienes el duende? Estas muerto, aprendelo. Te escribo esto mientras llaman al timbre. Consigo levantarme después de palparme la raja que atraviesa mi vientre. Todavía sangra. A nadie le importa. Tampoco me importa que no le pueda importar a nadie. Será alguien con sus pesadas caricaturas de risas para decirme tal o cual cosa o pedirme consejo. ¿Porqué no le echas un vistazo a estos poemas Javi, creo que puede salir algo bueno? Así todos. Así todo. Enciendo un cigarrillo. He conseguido sacar un par de líneas buenas. Lo imprimo en mi vieja HP. Tómalas. Son tuyas. Abro una cerveza. Me despido. ¿Quieres?...

martes, 13 de mayo de 2008

Good night, Good luck


Me tiró dos libros de Bukowsky y me dijo que así era él. Vamos, que era lo que decían los libros. Creo que una parte de su alma se quedó en esos libros como luego se quedaría también una parte de mi. Lo cierto es que hizo sentir como un trozo de mierda pero muy vivo. A veces pienso que habito en los demás por etapas. A tragos. Entre posos de cerveza, ahogando aquellas penas que tenían más gloria que muchas victorias. Al menos, las victorias que yo había sido capaz de saborear. Siempre andando de aquí para allá sin saber a donde pero siempre teniendo presente que era mejor no mirar para atrás y seguir siendo la misma masa de carne y huesos que movían los sentimientos. Carnaza. Ehhhhhh! ¿Y qué? ¿desde cuándo hay historias con finales bonitos o feos? No hay historias, coño. Hay vidas que se cruzan y siguen su camino. Piénsalo. Como yo lo pensé cuando te escribía estas líneas. Buenas noches.

jueves, 8 de mayo de 2008

Historia de barra


Una llamada al móvil,
una tensa voz que se agita y entrecorta.
Después, la lluvia, rielan los toldos
azuzados por un tibio viento de otoño
mientras desaparezco
pisando los charcos
que anegan las aceras de Madrid.

Un viejo bar de carreteras,
mi rostro desfigurado: el espejo roto por la mitad.
Taburetes viejos también,
andrajosos rieles que sostiene mi copa.

Tengo la mirada cansada de no mirar.
De ver sin mirar.
Levanto la frente y ahí está ella:
la gran jefa de rostro ceñido y enjutos labios.
De prendas acunadas en sus sinuosas caderas de burdel.

Tres beben, yo miro.
Miro la copa, bebo mitad;
vuelvo a beberla hasta terminarla
y terminar yo conmigo
en esta historia de barra.

lunes, 14 de abril de 2008

TAL VEZ SOLO ESO...Y TAL VEZ NADA


Madrid tiene algo de bohemio y elitista que enamora a propios y ajenos. Serán las luces de la Gran Vía victoriana, las arañas por estrellas que parecen besar el suelo, las losas de piedras mojadas por la fina lluvia en un noche de abril. Las manchas sobre las aceras y sobre las paredes. Los carteles que parecen diluirse como recuerdos rotos sobre la pedrería. Bohemio por cuantas gentes las pueblan y se quedan mirándola. Callados, equidistantes de su persona, tan cercano a su alma para tocarla con las yemas. Los portales derretidos, vivificantes, aterradores, temblorosos por comerse a los jóvenes y no tan jóvenes que vienen otro día de salir con los compañeros.

Noches de cerezas, uvas, vino espumoso, alcohol enroscado en hielo que no se diluyen, en vasos que piden con su bocas de naranjos ser bebidos. Madrid es una ciudad de cama y cuchillos. De apostarse en sus bancos y quedarse dormido. Para contemplar el Banco de España y dormirse a la luz de las velas por farolas, de escuchar el rumor de mar que todavía viene del Mediterráneo y se recoge, colea y aguanta sobre nuestras cabezas. Es un dolor placentero y lacerante. Estamos lejos, tal vez no estemos tan cerca unos de otros en esta gran ciudad de piedra, barro, arqueada de arterias por gentes y pasadizos, de cristales rotos, de sueños desconchados y por soñar...

Tal vez seamos solo eso, un gesto, una palabra, un silencio...

viernes, 4 de abril de 2008

JUGUETES ROTOS


Ahora que ya no tengo horas
Ahora que ya se abren los campos en ciernes
Ahora que ya vuelvo a correr descalzo
y que todo es presente.

Te digo, te miro, me callo,
que vuelvo a ser yo mismo.
Pero no el yo de antes,
sino el de cuento,
el que siempre soñé ser,
aquel prendado de los sueños de otros.

Aquel que siempre pensó en ser un juguete roto
con todas sus piezas en cada mano.
Y por ello, las puertas no me niegan mis pasos
los cajones no afilan sus puños.

La noche vuelve a ser noche
y yo un corazonador cuerpo desnudo.
Ahora que todo empieza,
y tal vez todo acabó en un punto con retorno,
Ahora que todo vuelve a ser un todo para mis ojos,
y quizá para los de algunos otros,
vuelvo una y otra vez más
a levantarme sobre mis huesos,
sobre mi enjuta carne moliente
y sobre los sueños que te narré.

Ahora que tengo ganas de escribir y de olvidar
enciendo un cigarro, me miró al espejo.
Llueve, truena.
Estoy algo más que vivo.
Salgo, arrastró los antepasados,
las fugaces cadenas del tiempo,
corro, sonrío, vivo, Dios, ¡vivo!.
¡qué bueno sentirte, tocarse,
escaparse y arrastrarse a si mismo!
Recorrerse los pliegues,
caerse en la infinitud de un momento pensado,
reflejarse en los escaparates,
sonreír, acogerse al murmullo de la gente,
mezclarse, mezclarme con todos ellos...

miércoles, 26 de marzo de 2008

A VECES...


Bueno en esta ocasión vuelvo a tener la oportunidad de poder colgar un texto de un compañero mio, así que espero que todos aquellos que os acercáis de paso o para leer algo con frecuencia os guste este crudo, pero estridentemente catártico, poema.

Por Rubén López Martín

A veces, sólo a veces
al pasar las páginas de mi calendario
calculo los meses que hace que te perdí
y los días, y las horas y cada minuto.

A veces, me entran ganas de llamarte
y decirte que te echo de menos,
que me hace falta verte
para seguir vivo.

A veces, sólo a veces, creo volver a verte
caminando entre la gente
y me entran ganas de gritar tu nombre
para ver tus ojos verdes por última vez.

A veces, cierro fuerte los ojos para imaginarte
para no olvidarme de tu cara,
y creer que duermes conmigo otra vez,
pero ya no eres tú.

A veces, sólo a veces
siento que no hice lo necesario para merecerte
para estar contigo, para dormir a tu lado
y volver a oler tu pelo, y enredarlo en mis dedos.

A veces te odio... y otras te sigo queriendo
a pesar de todo, y del tiempo,
pero puede que este mes sea eterno.

A veces, pienso que todo ha sido un sueño,
y que tú no eres tú, y que yo (ya) no soy yo
a veces... sólo a veces.
A veces ... tú

lunes, 24 de marzo de 2008


Desde el año 2004 un grupo de personas compuesto por los historiadores Raúl Domingo y Carmen Dalmau, el fotógrafo Ciuco Gutiérrez, el mismo José Latova (también fotógrafo), y su equipo de colaboradores, como Alberto Martín y un extenso grupo de entusiastas, familiares y profesionales, han prestado generosamente su tiempo, revisando, comprobando y analizando las imágenes hasta conseguir el conocimiento suficiente para la realización de esta exposición.

La muestra 'Crónicas de Retaguardia, Fotografías de la Guerra Civil Española' intenta representar todos los contenidos de un archivo fotográfico hallado con ochocientos noventa negativos. Así, se compone de alrededor de 150 imágenes catalogadas en siete secciones: Los fotógrafos y el archivo, El campo, Vida cotidiana, Retratos, La ciudad destruida, Transporte, Ejército. La ciudad de Madrid se muestra como principal protagonista de esta muestra fotográfica, pero en ella también se encuentran ciudades como Alcalá de Henares y El Escorial.

Cada una de las siete secciones va acompañada a su vez de carteles murales en los que se recogen tanto la explicación histórica como los datos y la cronología.
Tampoco podemos dejar de rememorar todos aquellos periodista y fotógrafos que vivieron de cerca la contienda fratricida que tuvo lugar en España en la década de los años treinta entre los españoles de ambos bandos.

Porque nacionales fueron todos y cada uno que extraiga sus conclusiones y ponga los epítetos que crea conveniente, que diría el poeta. Una de las dos españas ha de helar el corazón a las futuras generaciones que naciesen pero, en este caso, las fotografías ofrecen la cruda realidad de congelar las bocas, casi de forma inmediata, cuando se observan los positivos encontrados.
Es de recibo también acordarse de Antoine de Saint-Exupéry, el realista (y a la vez soñador de mundos) que con su avión proporcionó una nueva visión de plasmar aquello que veía desde las alturas. Trabajó para varios diarios franceses cumpliendo las órdenes de relatar, a través de pequeños reportajes, lo que iba viendo cuando pilotaba su viejo aparato pero también cuando podía pisar tierra firme.
En uno de aquellos viajes, el de 1935, fue el que inspiró a este autor a escribir el libro más vendido de la historia de la literatura: El Principito. Saint-Exupery tuvo que recorrer varios días a pie por el desierto hasta que un beduino le socorrió. Posteriormente, cuando llegó a España volvió a cumplir nuevamente su misión.
Voló a nuestro país y fue enviando una serie de crónicas de los frentes de guerra y, raíz de ellas, con el tiempo, se editó una edición cuidada bajo el título Un sentido a la vida. En un artículo brillante cuenta sus viajes por varias poblaciones de Cataluña y Aragón en compañía de un compatriota, Pépin. Por encargo del consulado de su país, Pépin se entrevista en cada sitio con el comité revolucionario para llevarse a los sacerdotes y frailes franceses que hayan sido detenidos y evitar su ejecución. De este modo Pépin, socialista y anticlerical, salva a muchos religiosos (evidentemente, no a todos: entre los 498 beatos de este domingo hay cinco franceses).
En una ocasión no se contiene y, después de rescatarlo, insulta bárbaramente a un religioso, quien por respuesta le da un abrazo. Pero Saint-Exupéry da lo mejor de sí mismo en otro artículo en el que reproduce el diálogo fraternal a gritos, de trinchera a trinchera, entre dos soldados enemigos en una noche negra y silenciosa:

-“¡Antonio!, ¿estás durmiendo? Soy Leo...”.

-“¡Acuéstate! Es hora de dormir”.
-“Antonio, ¿por qué luchas?”.

-“Por España. ¿Y tú?”.

-“Por el pan de nuestros hermanos... ¡Buenas noches!”.

-“¡Buenas noches!”.

UN SENTIDO A LA VIDA


La nobleza parte de la sinceridad y de las almas de las buenas personas. Reza un antiguo cuento judío que solamente hay 36 personas buenas en la historia cuyas vidas no pasan en balde y siempre, a lo largo de su caminar, dejan una profunda huella en la tierra y en otros seres. Incluso con aquellos que, acaso, cruzaron una mirada con la suya. Sin embargo, ni siquiera estas mismas personas conocen la arbitrariedad y las veleidades de su propio sino.
Y precisamente ahora que los nuevos medios tecnológicos permiten dejar constancia de muchas de éstas historias cargadas de leyenda. O bien no sabría decir si son leyendas cargadas de historia.
Pues bien, ahora que estas fotografías, relatos sonoros y aquellos viejos papeles que, olvidados o perdidos tal vez durante algún tiempo, vuelven a cobrar sentido, a uno le asalta la razonable duda de todo aquello que la ignorancia da de sí.


Caminante, son tus huellas el camino/ y nada más/ caminante, no hay camino/ se hace camino al andar/Al andar se hace camino/ y al volver la vista atrás/ se ve la senda que nunca/ se ha de volver a pisar/ Caminante, no hay camino/ sino estelas en la mar/ Todo pasa y todo queda/ pero lo nuestro es pasar/ pasar haciendo caminos/ caminos sobre la mar.


Uno también lee la nobleza de algunas palabras que parecen debatirse entre la advertencia y el consuelo y piensa por qué pueblan versos, aquellos papeles olvidados, por qué titulan barcos, o por qué quizá encienden el mar de los labios de aquellas otras que los dicen como recordando una vieja canción porteña.

Por qué existen los porqués sino existen las respuestas o, quizá, por qué debemos de ponernos en la tesitura de atestiguar que aquellas palabras son algo más que palabras. Estas mismas palabras, accidentales, veraneantes, santurronas, picaronas, azote de poderes o de sentimientos son el refugio de muchos de los que solamente disponen de papel y lápiz.


Una pequeña cuartilla en la que dejar reflejado los fragores de la batalla, un pensamiento que queda suspendido como los pajarillos en la cuerda de la ropa doblada, el último repicar de campanas. Las lágrimas que caen por una amada, las que son como un ramo de rosas que dejan caer su salado corazón sobre la tumba de un amigo en señal de duelo, una dedicatoria en una postal, en un trozo de cartón a alguien que espera que la lea. Palabras.

Unas reconfortan, nos hacen más fuertes, altivos, correosos para la muerte, otras débiles, nos reducen a la infinidad del tormento de ser tan pequeño en un mundo rodeado de aparente grandeza. Tiemblan los estadios del hombre, las palabras salen de las bocas, y tiemblan los corazones y las manos cuando agarran el folio poblado de una manada que barrunta y nos ataja lacerante.

También las fotografías tienen parte de culpa de todos los sentimientos que son capaces de captar y de poner frente a las retinas de quien se acerca a ellas. El archivo fotográfico de José Latova es el protagonista de la exposición fotográfica Crónicas de Retaguardia, un retorno al pasado a través de una colección de imágenes única de la guerra civil española (1936-1939).

jueves, 13 de marzo de 2008

Enséñame


Me gusta mirarte.
Más aún que me mires.
Y pedirte que me enseñes
sin haber separado
cada labio de mi boca.

Que me enseñes a caminar.
Y aunque sé,
cuando lo intentes,
quedaré mudo
para intentar encontrar
de nuevo mi inocencia.

Para intentar sorprenderme.
Uno, dos tres; otro paso.
Uno dos, tres; lo he vuelto a conseguir.
Me miras y eso me reconforta.

Sé que lo hago bien,
acaso tanto por cuanto
se entrecortan tus suspiros.
Iniciame en la vida, en los sueños,
en lo que tu creas conveniente.
A renacer tal vez.
A amar, acaso.

Pero cuando llegues,
pronta y sincera,
tal vez despistada,
como pasando por una acera
que no nos puso en el mismo camino,
tiéndeme una mano,
y no me sueltes.

Sólo te pediré, aunque no me oigas,
que me enseñes, entonces,
a no odiar el amor
al menos tanto como amo el odio.

miércoles, 12 de marzo de 2008

De la nada, tú


Espera, no te vayas.
Intenta abrir los ojos de nuevo.
Siéntate a mi lado. No, no tan lejos.
Apoya tus codos sobre la mesa, más, más cerca.
Inclínate. Contén tu respiración.
¿Lo notas? Es húmedo, vaporosamente noble.

El silencio se esconde tras las sílabas
arrancadas a la boca.
La mudez cobra su llanto de esencia.
¿Te das cuentas? Es perceptible, sincero, tenaz.

Amo este momento. Creo que lo guardaré
en mi pequeño frasco de recuerdos.
Ahora, ven, quédate por fin.
Mírame a los ojos. Relaja tus manos.
Así, muy bien, despacio.
Mira las mías: voy a dejar que comulgue
tu roce con el mío.

No te asustes. Son cálidas, rezumantes,
acaso, antaño, tunantes. Pero firmes.
Perfecto, casi te noto, casi no vive
la separación entre ambos. Ya casi eres yo.
Ya casi soy tú. Durante un instante.

Ahora un poco más, casi más que antes. Ríes.
Tus yemas, las mías, casi juntas, casi hermanas,
casi alboradas.
Cada falange, cada dedo oscurecido y tenebroso, huidizo,
vuelve a cobrar vida propia. Yo lo noto también.
Te noto, no lo comprendo. Los siento breves
y esplendorosamente vivos. Irracionales, terribles.

Es un placer verte sonreír. Volverte a ver hacerlo.
Tu boca se ensancha, se expande en su fugacidad.
Tu risa galopa, me corteja, acarrea otras risas.
Tus manos se quiebran, se astillan sobre sus músculos,
muerden vibrantes los fulgores del rocío quemante.
Tu alma rebosa. Yo acudo a ti. Vivo, vivamente muerto
para volver a verte vivir.
Pura, infinita, casual, casi plena.

sábado, 8 de marzo de 2008

LOS LUNES NO ESCRIBO.- A un salto de Manhattan


Por Anul Jlo


¿Cuántas veces has dejado pasar la oportunidad de saludar a alguien a quien deseabas decirle algo? Su mirada, un gesto intemporal, imperecedero. ¿Cuántas veces te hubiera gustado arrogarte unos ojos que no son los tuyos? Hablarles, acunarlos, egoístamente separarlos del cuerpo, hacerlos tuyos y eternos…¿Has creído en alguna ocasión que el azar te ha dado una oportunidad en forma de oportunidad para actuar y no lo has hecho? Sí, has leído bien, bendición bendita. ¿Una historia por escribirse y por que tú la narres? ¿Por qué durante alguna caprichosa hora del día te cruzas con un anónimo y crees conocerlo de toda la vida? Es más, aseguras conocerlo de toda la vida. Por la calidez de sus movimientos, por unas manos hirientes, abrasadoras, que jamás has sentido y, sin embargo, tienes la sensación de haber tocado. Por un algo indeterminado y quejoso, en definitiva, que termina por convencerte aunque solo te hayas empapado durante un instante de tu propia esperanza.

Tengo un buen amigo que suele comentarme cosas de este tipo. Es un tipo lúcido, un hombre fuerte, del este, venido de lejos, pero cercano, de esas personas que siempre parecen asentarse en un sitio al poco tiempo de llegar. Pasa desapercibido, vaya. También he de confesar que me lo dijo tras algunas copas de vino tinto y un par de coñacs. Bueno lo cierto es que también me aseguró con rotundidad que, en su opinión, las verdaderas escuelas de la vida son las putas, la cárcel y alcohol. “Y por ese orden, no lo olvides”, me espetó al tiempo que me daba una palmada en el hombro y aflojábamos las billeteras codo con codo en la barra de un bar. Nos descosíamos, abríamos nuestras propias costuras, dejábamos volar nuestras almas, nuestras pequeñas bocas polvorientas, amañadas, malhabladas. Y éramos felices. ¡Diablos lo éramos, vaya que si lo éramos, y en tanto que lo recuerdo como un niño recuerda su patria!

La primera vez que empecé a diluirme en estas historias fue un día de gotas de alcohol y lluvia. Me disolvía como un pequeño pasquín en un mural bajo un cielo ennegrecido prontamente, un gran cenicero donde los dioses se habían poco menos que cagado, una luna a media tarde sin textura apuntalando un firmamento envejecido y miedoso. Los árboles tristones, recogiendo sus retorcidos troncos, intimando vergonzosamente con sus raíces, los pequeños pajarillos trinando en las ramas quemadas. La gente paseando y espolvoreando su figura por una ciudad apagada. Las fábricas gritando a pleno pulmón, las jóvenes muchachas saliendo de sus trabajos de cajeras; tal vez, de recepcionistas, de recaderas. Hombres, también, por supuesto, trajeados, adornados peligrosamente (esto me hacia gracia, porque, según me comentó durante una partida de cartas mi colega, ¡jugaban con su dignidad sin enterarse!); otros, tipos remendados, de alma y paños, de bolsillo y consuelo. Hambre con hambre, dolor con dolor….

El caso es que tras unas cuantas copas empezaba a pesarme cada parte de mi cuerpo más de lo que pensaba, y más de lo que recordaba otras veces. Esto no me importaba demasiado pero sí que empezaba a notar mis músculos entumecerse con mayor facilidad, a tener menos aguante. En otra ocasión leí que un escritor de cuyo nombre no recuerdo decía en una entrevista que no era un “animal social como la mayoría de las personas” y que era cinco animales: oso, ratón, grulla, halcón y león. Lo primero que deduje es que estaba loco, lo segundo que era gilipollas y lo tercero que, posiblemente, era un relamido pedante. Tal vez, si combinase las tres, me dije, acertaría en el verdor desconchado de muchas personas que nos pueblan.

Pero después de darle muchas vueltas he llegado a la conclusión que el transporte público está lleno de historias fantásticas. El autobús, la red de cercanías y, principalmente, los andenes del Metro, agigantan su leyenda con pequeñas fábulas que se agrupan en los costados de cada ser anónimo que los recorre. Historias de cáscara de cristal, frágiles, pero firmes, sentenciosas, que dictan los pasos de muchos de nosotros y llegan a determinarnos en nuestro caminar. Siempre me han gustado las historias que quedan por contar y que, sin embargo, tenemos tan arraigadas.

Si uno va caminando bajo tierra por los pasillos del Metro se da cuenta de que las personas parecen estar continuamente hablando aunque se recreen en su propio silencio. Casi podemos hacer su propio silencio tangible, ponerlo en contacto con el nuestro a través de dos miradas que se cruzan. Un ademán, un movimiento breve, brevísimo, lento, casi imperceptible con la mano que aparta un cabello y ¡zas! esos ojos que se han matado o han nacido en los otros.

Después vienen los quizases, los tal vez debería haberme dirigido a aquella persona. Siempre el plural mayestático y prorrogable que se repite cada día. Pero también momentos en los que la magia parece perdurar centurias sobre el pecho de metal que sostiene a esta ciudad. Siempre me atrajo la atención aquellas individuos que terminan por consumirse el uno al otro y esperan a que ese tren, ese autobús, esa varita que rompa la magia no llegue y, empero, no hacen nada. Esto me reconforta porque creo que quizá es por que no quieren romper su cotidiana vida, sus cotidianas costumbres, su cotidiano amor y su cotidiano trabajo. También he llegado a la conclusión de que la inmigración añade un toque amargo y a la vez azucarado a ese marco creador, aunque no tengo muy claro en qué medida.

Hay días que no sé cómo interpretar las miradas de las personas mayores cuando parecen examinar a personas de otros países o del propio país, pero no siempre puede uno conservar la calma ante estos deliberados exámenes visuales. No llego tampoco a entender si uno llega a realizar actos buenos o la sonoridad de la poética misma de los actos es lo que mueve los propios actos. No sé, pero recuerdo que una mujer entró llorando en el tren y otra la dejó sitio. La pasó un brazo por el hombro y le ofreció caramelos y un pañuelo. No se conocían. Sentí algo indescriptible. ¿Ternura? ¿Temor? ¿Remordimiento? Todo el mundo que estaba alrededor de ellas en el tren las miró. Con razón. Ahora, con el tiempo, sí que reconozco que aquello fue una buena cura de humildad.

Veo a un chico y una chica que se miran de un andén a otro en una estación olvidada de un pequeño pueblo de provincias asturiano. Dos ancianos se toman un cortado en la terraza de la cafetería. Hace frío, hiela, tiemblan la maleza que crece desordenada junto a las vallas de la estación. Algunos adoquines se han movido con el fuerte viento, sueltos, algunos, han caído a las vías. No hay peligro. Yo voy con mi cartera del trabajo. Dentro llevo la muda, mi anticuada cámara analógica Kodak y las herramientas del trabajo. Se miran, se observan detenidamente. La chica lleva un bonito vestido rojo de encajes con unas borlas en el pecho. Los zapatos relucen en la tenue luz de salón que ofrece un cielo pestañeando y preñado de tonos rubios.

Él es tímido, agacha la cabeza, -parece serlo, me digo- aprieta su barbilla contra su pecho. De repente la levanta, la mira, la vuelve a mirar. Dice ven con sus ojos. Ella va, va, va…Da dos pasos, se detiene al instante, fugaz, totalmente infinita frente a él. Se quieren decir algo…El tren pasa a gran velocidad por delante de la chica y en el transcurso, hasta que se detiene definitivamente en el andén para descargar y recoger más viajeros, le observa a él través de las ventanas lúgubres y tristemente desfiguradas. Se ha ido, se fue, no volverá. Tal vez otro día conceda otra oportunidad.

He descansado un poco. El tumor no me deja dormir. La úlcera sangra cada madrugada y estoy harto de las pastillas. Tengo tres costillas rotas y una muerte que todavía espera. Una jodida muerte que debe esperar su turno como esperan todas las cosas de la vida para poder cobrar su factura en mi cuerpo. La luna está alta. Los pinos retumban, aletean sus sombras dulcemente y enseñan sus senos espinosos. La vida es espinosa –pienso-, ¡qué bonita metáfora! Tengo esa sensación desde que era pequeño, de que la luna siempre ha sido pura, no sé si una señora o un señor, pero siempre altiva, galante, tunante y conquistadora de conquistadores. Y siempre verla alta sentado sobre la garita del pueblo de mis abuelos. Esta vez la noto recogida, cerrada sobre sus brillos. Imagino el mar coleando y estrechándose de orilla de orilla, apostado sobre una marea o un faro mientras los hombres miramos la imperiosa fuerza de lo que no podemos controlar.

Entro en el bar de alterne más cercano a mi casa. Esta un poco lejos pero la Taberna de la Coja es bastante accesible y nunca ponen pegas al entrar. Yo aprecio las buenas noches de Lety, la recepcionista con los ojos distraídos que siempre me saluda con un beso envuelto en sus prietos y protuberantes labios. Me quita el abrigo. Su mano roza mi cintura. Siento un extraño calor. El calor vaporoso me golpea de repente en la cara. Tengo ganas de emborracharme. Miro la sala detenidamente y me doy cuenta de que hoy está especialmente vacía. Caras largas, tres copas en la barra, beben dos tipos. Las chicas les agasajan con caricias. Una de las chicas es la que estaba esperando en el andén en la estación. Sirve bebida blanca a un tipo sentado en una mesa. Tal vez Martini doble, tal vez al hombre que la miraba en la estación. Es posible que se asemeje a él. A mi no se acerca nadie.

No hago por acercarme. Me siento solo y me tomo un buen güisqui con hielo. Salgo pronto. Serán las cinco de la mañana. Dentro de pronto amanecerá. Me marcho con la sensación de que nadie me ha dado conversación. Yo también he intentado no aburrir a nadie. Mañana será otro día…